Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de ésta una cosa vergonzosa.

Gilles Deleuze,
Nietzsche y la filosofía

martes, 22 de junio de 2010

A través de las nubes - escrito por Santiago.


1. El viaje.
Todo comenzó una noche de sábado en una tugurio, cuando yo ya llevaba unas copas de más y la estridente música había dejado mis tímpanos sin sensibilidad. Me disponía a ir a mi casa, y eso fue lo que hice: salí por la puerta del antro antedicho, crucé la calle y seguí todo recto hacia el final, hasta llegar a casa.
De camino a casa vi algo extraño (una escalera mecánica en medio de la calle) y yo en ese estado de embriaguez no pude controlarme, aunque sabía que debía ir a mi casa, tomé la escalera mecánica cuya dirección no sabía cual era, pues no podía ver con claridad porque se me nublaba la vista.


2. Las nubes.
Monté en la escalera y empecé a subir y a subir sin cesar. Incluso empecé a marearme, he de confesar que vomité en un par de ocasiones, y juraría que un vómito cayó encima de la cabeza de un amigo mío, a pesar de no haberlo hecho con la intención de darle, me disculpé, aunque sabía que no me iba a oír.
Al final, cuando la luz del día empezaba a asomarse por el horizonte y mi estado de embriaguez comenzaba a desaparecer, llegué al final de la escalera. Bajé y a lo primero no me fijé dónde estaba, pero más tarde me di cuenta de que el suelo era blanco, de una textura parecida a la del algodón de azúcar. No sabía muy bien dónde estaba, así que fui andando a la espera de encontrarme con alguien. Así fue, a los cinco minutos me encontré con un muñeco de algo parecido a la nieve.

3. Una compleja conversación.
Pensé que el muñeco no hablaría, pero al pasar por su lado me dijo:
-¿Pensabas pasar sin saludarme? Por aquí es de mala educación ver a alguien y no saludarle, aunque no lo conozcas- dijo el muñeco ofendido.
Yo me quedé realmente sorprendido. ¿Dónde se había visto hablar a un muñeco?, así que rápidamente le contesté:
-Perdone, pensaba que no hablaría, al menos en el lugar que vivo yo, los muñecos no hablan- dije justificándome.
-Para empezar tutéame. Ni que me conocieras de toda la vida para ir hablándome de usted- cada vez hablaba con un tono más agresivo.
-De acuerdo, discúlpame si digo o hago cosas que puedan ofenderte, pero no soy de aquí y no comprendo este mundo- dije justificándome de nuevo.
-Bueno, ¿y cómo has llegado hasta aquí?- dijo en un tono más calmado.
-Llegué esta noche cuando vi una escalera mecánica y subí a ella. Y esto, ¿qué es?
-Vas a adivinarlo tú sólo y para ello te voy a dar una regla lógica - Reductio ad absurdum- que es la siguiente: tú supones que esto  no es esto  y si llegas a un absurdo entonces lo que no es esto, en consecuencia, es esto; ¿entendido?- dijo el muñeco.
-De acuerdo. Pues voy a decir que esto no son nubes, ¿estaría bien así?
-Sí, por ahora vas bien.
-Vale, y el absurdo podrías ser tú, por ejemplo, por lo tanto he llegado a la conclusión de que estoy en las nubes.
-A un absurdo has llegado, pero en lógica no se entiende eso por absurdo.
-¿Entonces qué es un absurdo?- dije extrañado, ya que no conocía nada de lógica.
-Es cuando tienes algo que es y la misma cosa que no es. Sé que es difícil, pero seguro que encuentras algún absurdo rápidamente.
Tras pensar un par de minutos, llegué a un absurdo, aunque no estaba seguro de si sería correcto o no.
-Yo sé que te conozco, pero a la vez no te conozco. Por lo tanto he llegado a un absurdo, lo que me permite poder decir que estoy en las nubes.
-Muy bien, pues ya sabes algo más de este lugar y ahora lo siento pero he de irme. Siento no poder ayudarte más.
-De acuerdo. De todas formas muchas gracias por la ayuda. Espero volver a verte- dije como despedida.
-Entre usted y yo ya hay confianza. Hábleme de usted- me dijo con una amplia sonrisa en la boca.
-Vale. Pues cuídese y que le vaya muy bien por donde quiera que vaya- me despedí y ahí acabó nuestra conversación.
Seguí caminando sin saber muy bien hacia donde me dirigía y así estuve mucho tiempo, aunque no sabría decir cuanto.

4. El hotel infinito.
Continué andando por encima de lo que sabía ahora que eran nubes y, de repente, empezó a ocurrir algo extraño. Empezó a llover del suelo hacia arriba y al cabo de un cuarto de hora terminé empapado, de abajo a arriba, de agua. También noté que el grosor del suelo había disminuido, cosa que hizo que me asustara un poco. De todas formas continué mi camino hasta que finalmente me encontré con un hotel de nombre: hotel infinito. La verdad es que había empezado a oscurecerse y necesitaba descansar y, por lo tanto, entré al hotel, fui al mostrador y como bien me había enseñado el muñeco saludé:
-¡Buenas tardes! -dije.
Y vino un muñeco a atenderme, que como el anterior también me saludó:
-¡Buenas tardes!, ¿en qué puedo ayudarte?
-Me gustaría una habitación para pasar la noche, aunque eso sí, no tengo dinero con que pagarte- dije pensando en que pasaría de mí y me echaría a la calle, pero resultó no ser así.
-No pasa nada, como eres joven y seguro que eres inteligente, te voy a plantear la siguiente adivinanza, que se conoce como la paradoja del hotel infinito. Pues bien, sabes que este hotel tiene infinitas habitaciones así siempre que vienen huéspedes hay sitio para ellos, pero aquí viene la cuestión: si vinieran infinitas personas, ¿cómo harías para alojarlas a todas en este hotel? Y recuerda que sólo tienes una oportunidad.
Tras vacilar un rato, llegué a la forma que creí correcta.
-Sencillo –dije para quedar bien- le diría a los huéspedes ya hospedados que fueran a la habitación que fuera dos veces el número de su habitación (el uno al dos, el dos al cuatro, el tres al seis…), y así se quedarían libres las habitaciones de número impar, y como hay infinitos números impares podría hospedar a los infinitos huéspedes recién llegados- dije muy satisfecho.
-Muy bien, y ahora un poco más difícil: si vinieran infinitos autobuses con infinitas personas cada autobús, ¿cómo hospedarías a esos huéspedes?
Esta vez vacilé un poco más, ya que resultó ser, como bien dijo él, un poco más difícil que la pregunta anterior.
-Esta vez no sería tan sencillo, pero sería igual que antes, los primeros huéspedes que fueran al doble del número de su habitación. Pero luego los pasajeros del primer autobús se alojarían en la habitación tres, tres elevado a dos, tres elevado a tres… los del segundo autobús se alojarán en la habitación cinco, cinco elevado a dos, cinco elevado a tres, cinco elevado a cuatro… los del tercer autobús igual pero en las potencias del siete, los del cuarto en las potencias del 11 y así con todos los números primos, que son infinitos y también habría habitaciones para los infinitos huéspedes de los infinitos autobuses.
-Perfecto, no pensaba que lo fueras a adivinar, pero como lo has hecho puedes pasar a la habitación 1, que está libre.
-Vale, gracias –le dije como despedida.
Pasé la noche bien, aunque eso sí, llevaba todo el día sin comer y tenía suerte de haber podido beber la poca agua que había conseguido cuando llovió. Al día siguiente me levanté, fui al mostrador y después de despedirme del muñeco que me había atendido el día anterior, fui a través de las nubes en busca de aventura.

5. Acercándonos a la verdad.
Anduve, anduve y anduve durante mucho tiempo y ya muy cansado decidí descansar cinco minutos para continuar mi camino. Después de descansar me di cuenta de que todo por allí arriba era igual: todo blanco, lleno de nubes y más nubes. También he de confesar que ya estaba cansado de estar allí y sólo me apetecía volver a mi casa y descansar, ya que mi madre estaría preocupada por mí, después de todo un día sin aparecer por casa. Continué y, al rato de andar, cuando se acercaba la hora del mediodía, vi en el horizonte una casa y corrí hacía ella esperando que fuera lo que yo quería que fuese.
-Sí –pensé-, el restaurante que tanto estaba esperando.
Entré y estaba completamente vacío, me acerqué a la barra e hice sonar una campana que había allí. A los diez segundos salió el camarero (que también era un muñeco) y me dijo:
-¿En qué puedo ayudarte, caballero? –me dijo el camarero.
-Estoy famélico y me gustaría comer algo, pero antes debes saber que no tengo dinero con el que poder pagarte ya que esta es la primero vez que estoy en las nubes –noté que el camarero estaba pasando de mí. Estaba con la cabeza en las nubes así que volví a tocar la campana para que me volviera a hacer caso.
-Perdona, perdona, es que estaba con la cabeza en otra parte –dijo el camarero disculpándose- ¿En qué puedo ayudarte?
- Como había dicho antes, estoy famélico y me apetecería comer algo, aunque como también te he dicho antes, no tengo dinero para pagarte, ya que es la primera vez que estoy en las nubes y no sabía como se vivía por aquí –dije mientras mi estómago gruñía.
Imaginé que haría como el muñeco que me atendió en el hotel infinito y me propondría alguna adivinanza o algo así, pero en lugar de eso empezó a hablarme de una manera un tanto extraña.
-Y como sé yo que tú dices de algo que es que es y de algo que no es que no es, cuando tranquilamente me podrías estar tomando el pelo y decir de algo que es que no es y de algo que no es que es –dijo.
-Discúlpame, pero no me he enterado de nada.
-Pues es bien sencillo: ¿cómo puedo saber que no tienes dinero y que no me estás tomando el pelo?
-Pues simplemente porque no soy como tú. Vine aquí por una escalera mecánica que no sé como apareció, no conozco nada de esto y porque si tuviera dinero ya habría comido y no estaría semimuerto de hambre como estoy ahora. Ahora que te he expuesto los hechos tal y como son, si quieres me crees y me ayudas, y si no quieres no me crees y no me ayudas.
-Conque me estás exponiendo los hechos tal y como son… interesante –dijo el muñeco- y con esto… -no le dejé terminar.
-Con esto trato de comer hoy, si no quieres que me muera de hambre.
-Vale, como me has ayudado a encontrar una definición de verdad, como corresponde, comerás bien a gusto, pero como se come en las nubes, inyectándolo en vena.
Y sacó una jeringuilla gigante , me la clavó en el brazo, de súbito empezó a llover mucho, desaparecieron las nubes y empecé a caer.

6. Principio de realidad.
De repente me encontré, decúbito supino, en un hospital y al médico sacándome una jeringuilla del brazo. Estaba asustado, mi madre me abrazó y me explicó todo lo que había pasado. Había entrado en coma y me había tirado más o menos día y medio en él. Estaba muy asustado, pero el médico me tranquilizó al decir que ya estaba fuera de peligro y que pronto estaría bien.
Ahora, había comprendido todo y había descubierto que el viaje a través de las nubes sólo había sido un sueño, un sueño del que nunca me olvidaré y que me hizo aprender mucho, tanto de filosofía, como de la vida. A partir de esta experiencia mi vida cambio y de querer estudiar derecho, me desvié al estudio de la filosofía, que es la disciplina que nos enseña a pensar con claridad. Ya nunca más en mi vida volvería a beber tanto,como para no cumplir con los principios de Aristóteles.

Santiago López Gil
1º BAC A

4 comentarios:

Santi dijo...

Gracias David por aportar las imágenes =)

Un saludo.

Raúl Asencio dijo...

Hola Santi:

Me temo que los lectores de estas pequeñas obras son reducidos, es más, me atrevo a decir que solo nos leemos entre nosotros. Da igual, tampoco tiene mucha importancia.

En cuanto al cuento decir que me ha gustado, sobre todo a la hora de "subir y bajar al cielo", muy original. Sobre la lógica he de decir que es correcta, aunque te has centrado en ciertos puntos o temas, en concreto tres ( Donde aprende que es un absurdo, en el hotel y en el restaurante). En contra tampoco puedo decir mucho más.

En general me ha gustado.


Ahora lo que toca es disfrutar del verano.

Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Muy bueno Exelente diria yo n__n'

Santi dijo...

Gracias =)

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