Cuando alguien pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve ni al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para entristecer. Una filosofía que no entristece o no contraría a nadie no es una filosofía. Sirve para detestar la estupidez, hace de ésta una cosa vergonzosa.

Gilles Deleuze,
Nietzsche y la filosofía

miércoles, 16 de junio de 2010

Por la alcantarilla - escrito por Vicente.



1. El principio.

Iba yo, uno de esos pocos días que tengo que ir andando, hacia el instituto. Me había quedado durmiendo y tenía previsto llegar a la tercera clase del día. Aquella noche, casualmente, dormí en casa de mi tía y, por lo tanto, como he dicho antes, tuve que ir hasta el instituto andando. Antes de encaminarme hacia el instituto había desayunado, me había preparado el almuerzo y había cerrado la puerta. Mientras andaba, empecé a hacer un repaso de las asignaturas a las que había faltado: “mates y psicología, supongo que en mates tendré que pedir los apuntes a alguien. Sin embargo, en psicología me las puedo apañar solo”. Seguí el camino pensando en el instituto y en cosas más interesantes.
Cuando estaba a medio camino me acordé de una regla de la lógica –Modus tollens- que me explicó el otro día mi profesor de filosofía. No sé porqué, pero decidí ponerla en práctica. Así pues, pensé: si he cerrado la puerta, entonces tengo la llave. Busqué por mis bolsillos y, desgraciadamente, no tenía la llave. Por tanto, eso quería decir que me había olvidado de cerrar la puerta. Me pareció extrañó, yo juraría que la había cerrado. Tuve que volver en una carrera a cerrar la puerta, pero, mientras bajaba, de sopetón me caí por una alcantarilla.
Parece mentira, pero nunca pensé que una alcantarilla fuera así por dentro. Siempre había imaginado que dentro de una de ellas habría agua sucia, pestilencia, conductos que se bifurcan y, sobre todo,… ¡sería menos profunda! No recuerdo exactamente cuanto tiempo estuve descendiendo, pero cuando caí, si no estaba en el centro de la Tierra poco me faltó. Mientras descendía todo estaba iluminado y, no obstante, no había ninguna luz. También pude ver que no veía el fondo, aunque parezca un poco contradictorio. Pero, al final, sin esperármelo, llegué al fondo y al principio de la alcantarilla.

2. Al otro lado de la alcantarilla.

O por lo menos parecía que había salido por donde había caído. No sé como fue, pero salí por otra alcantarilla y, extrañamente, en vez de estar en postura de hacer el pino, caí de pie sobre el suelo. Además, la alcantarilla estaba cerrada, ¿cómo podía ser que saliera por esa alcantarilla si estaba cerrada?
Realmente, a priori, todo parecía igual que en el otro lado de la alcantarilla, pero mis futuras experiencias me demostrarían, a posteriori, que eso no era así.
Por el tiempo que estuve cayendo imaginé que como mucho podría haber llegado al centro de la Tierra. Pero si no salí por donde había caído, eso quería decir que estaba en el lado opuesto de la Tierra.
Cuando me di cuenta de que estando quieto, donde había caído, no iba a descubrir donde estaba, decidí andar, ya que era lo mejor que podía hacer. No al mucho tiempo de empezar a caminar me encontré con un bonobo, pero no era un bonobo normal y corriente, sino que iba vestido con un traje militar. Sin querer, pensé en voz alta: “Menudo sinsentido, un mono trajeado”.
Pensaba que el bonobo estaba a una distancia necesaria para que no me oyera, es más, acaso un mono iba a responderme. Mas, no fue suficiente, no sólo me escuchó, sino que me respondió de esta guisa:
- Querrás decir: Enormudo consentido.
No me lo podía creer. ¡Un mono hablando! Y, además, me había contradicho. Entonces, sin pensar le dije:
- Yo no quiero lo que digo, digo lo que quiero.
- ¿Quieres un fusil? – me dijo el mono sin tener mucho que ver con la conversación.
- Vale - ¿qué, si no cualquier cosa, podía responderle?
- ¿Fusilas, por tanto, lo que quieres?
Nunca había entrado en un juego de palabras tan extraño, y menos con un mono. Ahí quedó nuestra conversación. Él, al ver que yo no respondía, hizo una reverencia con la cabeza y se marchó.

3. El topo ciego.

Desde luego, en el extremo opuesto de la Tierra no estaba. Pero lo extraño era que en la calle podías mirar al cielo, a las nubes, al sol... Realmente todo era como en un pueblo normal, con edificios y cosas típicas de pueblo. ¿Dónde estaba entonces? Lo mejor que podía hacer era seguir andando.
No llevaba mucho tiempo andando cuando, de súbito, me encontré a un topo. Además, ese topo llevaba bastón. Bueno, lo del bastón no me sorprendió, ya que todos los topos son ciegos. Lo raro es que estuviera en un pueblo y no bajo tierra. ¿También hablaba? ¿Descubriría al fin donde estaba? Decidí, pues, hablarle:
- ¡Buenos días!
- ¿No sabes que es de mala educación decir: “buenos días”? Y si los días han ido o sido malos, ¿entonces son buenos? ¿No sabes que eso ofende? –contestó realmente enfadado.
Nunca imaginé que un topo fuera tan irascible, por lo que le dije:
- Lo siento, no soy de aquí, me he caído por una alcantarilla.
- Aún, encima, sigues con la broma, ¿no? –me contestó sin creerme.
- No, es verdad, me he caído por una alcantarilla. Venga conmigo y le enseño donde está –le dije, para ver si las cosas empezaban a mejorar.
El topo me siguió y yo le llevé hasta la alcantarilla por donde había caído. Estaba, igual que al marcharme, cerrada. Cuando estábamos acercándonos a la alcantarilla, le dije:
- Escuche, ¿le suena a usted esa alcantarilla de ahí? –como era ciego, no podía usar el verbo ver, por lo que intenté parafrasear lo que hubiera sido: ¿ve usted esa alcantarilla de allí?
- ¡No te has dado cuenta de que soy ciego! ¿Cómo quieres que reconozca los adverbios de lugar? –gritó verdaderamente ofendido.
Mi intención no era ofenderle, pero resulta que en el lugar donde estaba la gente se ofendía con mucha facilidad. Le volví a responder excusándome:
- Vaya, lo siento, no me había dado cuenta de ese detalle –le cogí seguidamente la pata y me acerqué a la alcantarilla para permitirle que la tocara y la olfateara.
- Pues…, no me suena, lo siento. Tendrás que buscar a alguien que pueda ayudarte. Bueno, me voy, que tengo prisa.
- Una cosa… - grité.
Demasiado tarde. Quién diría que era un topo ciego, corría como una liebre. De todos modos, al margen de que fuera ciego o no, de nuevo perdí la oportunidad de saber dónde estaba.
Me puse a caminar, y mientras lo hacía pensaba: realmente las personas de este lugar son bastante raras y, además, utilizan las palabras de un modo diferente.

4. La paradoja de la serpiente.

Decidí que con el próximo personaje que me encontrara utilizaría una paradoja que leí una vez en un libro. Por tanto, seguí caminando.
De improviso, volví a ver al mismo bonobo que vi cuando llegué. Él también me vio y se acercó a mí. Saludó con la misma frase con la que se despidió:
- ¿Fusilas lo que quieres?
No dudé lo que pensé antes y dije:
- Ya que vas de listo, a ver si eres capaz de responderme a esto: si una serpiente se empieza a comer su cola, acaba comiéndose absolutamente todo su cuerpo. ¿Hasta ahí estás de acuerdo?
- Hasta ahí sí -dijo.
Pasé ahora a formularle la pregunta:
- Entonces, ¿dónde estaría la serpiente, si está dentro de su estómago que a su vez está dentro de ella?
- Eso depende de si fusilas lo que quieres o no fusilas lo que quieres. ¿Estás de acuerdo?
- Sí que estoy de acuerdo – dije.
Empezaba a darme la impresión de que el mono era un poco sanguinario, siempre estaba hablando sobre fusiles, fusilar y sus derivados. Quizás por eso era militar. Entretanto, comprendí que el mono quería que respondiera primero a su pregunta y, después de hacerlo, él respondería a la mía (si podía conseguir responderla, claro). Si lespondía que sí fusilo lo que quiero, seguramente me hubiese respondido que como he matado a la serpiente no se podría comer a sí misma. En consecuencia respondí:
- Pero no, no fusilo lo que quiero.
- Si no fusilas lo que quieres, entonces no dices lo que quieres e, irremediablemente, quieres lo que dices. Ergo, como quieres lo que dices, entonces quieres a la serpiente y, como la serpiente es de tu querer, entonces te respondes tú a tu pregunta.
Me había dejado perplejo, por los suelos, tenía que reconocerlo. No sabía que responderle, y él cada vez se impacientaba más y más. Así pues, dije con un tono de voz melancólica:
- Mi reputación ante ti ha bajado al menos infinito.
El mono, que no tenía suficiente con lo que me había dicho hasta entonces, añadió:
- Querrás decir que tu reputación ha subido hasta el menos infinito. Si baja, es menos, y el menos infinito también es menos, eso quiere decir que menos por menos es más. Y tú reputación no ha subido al más infinito, sino que ha bajado.
No me caía nada bien el bonobo, por eso me despedí y deseé no volver a verlo nunca más.

5. El pájaro interpretado.

El bonobo comenzó a andar por el lado contrario por el que yo lo había hecho. Me alegré de que no me siguiera y seguí pensando en como iba a descubrir en que sitio me encontraba. Desde luego, por las calles por las que andaba únicamente había casas. Deseaba encontrar alguna tienda ya que, a parte de que si encontraba una localizaría a alguien para poder preguntarle dónde estaba, ya se había hecho la hora de almorzar y tenía hambre. Busqué, busqué y al final no encontré nada. Me senté en un banco que había para descansar y, ya pasado un buen rato, un pájaro se posó sobre mi hombro:
- Buenos días –dijo.
- ¿Tú también eres muy iracundo? ¿O quizás te gustan más los juegos de palabras para denigrar a los demás y jactarte? –ya estaba cansado de que los animales de este lugar me tomaran el pelo o se enfadaran conmigo, así que todo esto se lo dije con descaro.
- Vaya, ¿acaso yo te he hecho algo? –dijo con cierto asombro.
- No, pero por el resto de animales que he conocido tengo una probabilidad del noventa y nueva coma nueve periodo por ciento de que me acabes ofendiendo.
- Noventa y nueve coma nueve por ciento periodo es igual a cien, hay una regla que lo demuestra. Mira como…
- ¡Ya sé que hay una regla que lo demuestra, pero las palabras se pueden interpretar! –yo no sé si me respondió así para ofenderme más si cabe o porque es así por naturaleza. Pero, sin ser capaz de controlarme, seguí diciéndole:
- ¿Te explico qué quiere decir la palabra interpretar, o no hace falta? Porque vamos, desde luego que en este lugar nadie las interpreta del mismo modo que lo hago yo. Además, ¿de qué iba a servir explicarte que significa la palabra interpretar? Si luego interpretarás mi definición como te dé la gana.
Ahora el ofendido era el pájaro. Por lo que vi, sí que sabía que significa la palabra interpretar. Él no dijo nada y tampoco parecía que fuera a decir algo, así que le dije:
- Lo siento. Si al fin y al cabo he sido yo el que he interpretado demasiado. He interpretado que todos los animales de este lugar son irascibles y les gusta dejar en mal lugar a las personas y te he atribuido a ti esos rasgos. Vamos, que criticándote a ti por no saber interpretar no me he dado cuenta de que, sin embargo, era yo el que estaba malinterpretando.
- Sí, la verdad es que a veces nos cegamos en que tenemos la razón y decimos cosas que carecen de sentido, al menos, dentro de un contexto determinado.
Al decir esas palabras, el pájaro quedó fuera de contexto, o en otras palabras, se esfumó.

6. Revuelta a la realidad.

Inesperadamente empezó a sonar el dichoso móvil. Ya era hora de despertarse para ir al instituto.
Vaya –pensé- todo ha sido un sueño.
La verdad no es que nunca había tenido un sueño que se pareciera a éste, pero, desde luego, algo hizo que me sintiera diferente desde entonces.

Vicente López Gil
1º BAT A

2 comentarios:

Raúl Asencio dijo...

Buenas Vicente.

Te vuelvo a escribir ya que en mi primer intento se ha caido la conexión y perdido todo el comentario, así que seré mas brebe.

Para comenzar, felizitarte por el relato que ha escrito, me encanta. En parte por el manejo sobre los juegos de palabras y todos esos razonamientos lógicos incorrectos, esta bastante bien llevado pero y por poner un pero, lo único que menos me ha gustado ha sido la manera de "viajar" ya que has utilizado el mismo recurso que Lewis Carroll, en cuanto a lo de atravesar el mundo y demás, pero tampoco me hagas mucho caso, tan solo es una observación.

Como ya te he dicho, me ha gustado bastante.

Un cordial saludo.

David dijo...

Pues si te ha gustado bastante a ver si te animas tú a escribir uno diferente y, de paso, también se anima algún que otro compañero más; ahora que tenéis un magnífico ejemplo de lo que hay que hacer. (Plazo límite: lunes por la mañana)

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